Despedidas

Cierra los ojos.

En este momento el quiere soñar que se encuentra a tu lado, abrazarte y llevarte contigo a ese viaje que siempre anhelaron realizar. Debes sentir con cada puesta de sol que los días comienzan a extenderse, que superan las noches y eso te gusta.

— No vayas a trabajar hoy. Quédate a mi lado.
— Y luego que pasará.
— Lo que tú quieras que pase. Eso pasará.
— Y luego, ¿Qué haremos?.
— Seremos felices.
— ¿Felices?, ¿Hasta cuando?.
— No lo pienses más, ya no hagas más preguntas, no busques respuestas y quédate a mi lado.

Él te conoce más que tú. A veces te causa un poco de vergüenza admitirlo y te ocultas para evitar darte cuenta, pero luego agarras fuerza como una ola y vas creciendo y creciendo hasta que caes y rompes y arrasas. Puedes mojarlo en tus aguas y juntos evaporarse, alcanzar la inmensidad del cielo. Un poco más.

Te quedarás a su lado. Quemarse es inevitable, su intensidad terminará por consumirte y ya no dolerá más.

Los días comienzan a encenderse con cada acto de presencia, con cada mirada sin palabras y esa complicidad que es capaz de segregar felicidad a través de tus poros.

El sol siempre ha sido tu vitamina. Ha llegado el momento de irse juntos y disfrutar de la playa, un buen libro y el mejor helado. Brindarán por esa victoria y por ser capaces de encontrar el mejor momento.
— Dime algo. ¿Te gustó estar a mi lado?.
— Me ha gustado. Si.
— ¿Quieres más tiempo a mi lado?.
— Me conoces bien. Te necesito para ser yo.
— ¿Y ahora que sigue?.
— Me amaras.
— Ya te amo.

Y la luna no salió. Parece que el cielo no quiere que la vean y la oculta. La esconde hasta llegar el día y en ese momento cuando aparece el sol. Ya no hace falta verla. Y se olvida.

El sueño ya no es un sueño han comenzado el viaje y ella se siente mejor que nunca, siente que arde cada vez que está cerca de él y que quiere explotar. No quiere morir pero el sentimiento hace que se desvanezcan sus fuerzas.

— ¿Dime lo que sientes?.
— Estoy desapareciendo.
— ¿Te gusta la sensación?.
— Me gusta.
— ¿Eres feliz?.
— Lo soy.

Su nombre es Ellen, recuerda el primer día que respondió a su nombre. Sus padres fueron los mejores, su vida soñada. Hasta que lo conoció, y luego de la primavera llegó el verano. Y ya no fue lo mismo sin él.

— Ya falta poco para que terminé el verano. Comenzarán a caer las hojas.
— Ya lo estoy sintiendo. Está cada vez más cerca, pero no tengo miedo.
— No debes tenerlo. Estaré a tu lado.
— No he vuelto a ver la luna desde que comenzó.
— El sol no te dejará verla.

Y mientras él miraba la puesta de sol, ella veía caer las primeras hojas de los árboles. Sus ojos no mirarán más la luna, se fundirán en los destellos del sol. El verano dará paso al otoño y todo habrá terminado.


— Me gusto tenerte a mi lado durante todo este tiempo.
— A mi también pero ya es momento de dejarte solo.
— ¿Estas segura?.
— Completamente.
— Te amaré por siempre.
— Viviré en ti.
— ¿Volverás el próximo verano?.
— Quizás. Lo pensaré.

Ellen se fue antes de comenzar el otoño y él se quedó con su cuerpo. Su nombre es Alan y tiene miedo de que Ellen regresé el próximo verano.

Abre los ojos.

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