
Es solo un nacimiento: el llanto, la alegría, el miedo. Algo nuevo y desconocido que comienza mucho antes de que sus ojos vean el mundo por primera vez.
Le pones un nombre, lo ves crecer lento y luego rápido, hasta que deseas no sentir el paso del tiempo. Quieres congelarlo todo, detener los instantes y soltarlos a tu antojo, pero no puedes.
Ahora tienes miedo. Hay una sentencia que se acerca, un día en que mirarás a través de un recuerdo. Entonces decides escribirlo, prolongar el nacimiento en otros ojos, en otros cuerpos. ¡Que viva eternamente!