
Un día después de la lluvia, ellas aparecen y logran desteñir los colores del arcoíris. Yo busco entre espacios vacíos los últimos crayones y pinto uno con tres colores.
Ellas se encargan de poner en mis manos tan sólo el gris y el negro, y yo inmediatamente los baño con brillantinas y pegatinas de soles sonrientes.
Sin avisar me hacen mover mis piernas, en un ritmo imposible de controlar, y no conforme con ello aceleran mi corazón haciendo que me falte la respiración, ellas saben en qué momento aparecer.
Yo pongo a un lado las tazas de café y me tomo un té de manzanilla, dicen que es bueno para controlar al menos una de ellas.
Ellas me buscan e inevitablemente me hacen temer al futuro. Yo me perturbo y vuelvo al presente, me compro el helado más sabroso, ese de ron pasas que sabe a gloria y las desaparezco por un momento.
No saben lo fácil que puedo hacerlo.
Luego se encargan de esconderme, ellas me cubren con un manto de oscuridad para que no pueda ver el exterior, me asustan con voces desesperadas y recetas de somníferos para que no pueda abrir mis ojos, ver las luces a mi alrededor.
Yo, desde mi espacio interior, encuentro la forma de comunicarme y llamo a mis mejores amigos, esos que siempre están pendiente de mí, me invitan, me toman la mano y me sacan afuera.
Ellas se van durante un tiempo, y vuelven como las estaciones del año en sus contrastes más extremos, calor que quema y frío congelante. Yo me cubro de protectores para que no puedan lastimarme.
Cuando sin invitarlas ni mencionar nombres ellas se adueñan de mis pensamientos, me hacen arrancar partes de mi cuerpo y comerme desde afuera hacia adentro. Yo las vomito y me lleno de sabores que restauran cada pedazo perdido.
De pronto, sin saberlo, sin sospechas ni señales, ellas ya no avisan cuando desean venir. Yo no logro sentir que están allí.
Ellas tratan de hundirme y me arrastran. Yo, en medio de la desesperación intento gritar, pero mi voz no me sale, nadie me escucha.
Ellas se han unido en una sola y parecen más fuertes. Yo trato de moverme para salir y pintar arcoíris. Los colores no pintan, no hay nada que tenga color.
Ellas escupen susurros que inmovilizan mis manos, me es imposible pintar. Yo, que antes me comunicaba y tenía el poder para hacerlas desaparecer, me siento presa en mi propio cuerpo.
Ellas se apoderan lentamente de mi mente, me quitan de a poco la respiración, mi corazón se acelera. Yo, siento que no puedo salir. Me siento atrapada, en medio de mi sufrimiento.
Duele mucho no poder salir.
Ellas crecen y se hacen mas fuerte. Yo me hundo cada vez más, solo quisiera poder escapar.
Ellas me alejan de las sensaciones que me intentan ayudar. Yo, no tengo el control para hacerme escuchar.
Ellas logran verme desde arriba y poco a poco me aterrorizan con lo qué hay afuera. Yo, que me creía intocable, ahora siento que me desvanezco.
Me destruyo rápidamente en el vacío infinito y desbordante de mis pensamientos.
Y ellas vuelven a separarse, mientras yo no existo.