

Este libro fue una sorpresa para mí.
Al principio me costó leerlo porque me resultó bastante pesado. Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, aprendí muchísimo sobre la cultura japonesa y encontré muy buenas referencias a personajes históricos importantes que desconocía, lo cual me agradó.
En cuanto a los personajes, sentí simpatía por Meitei y desagrado por otros, como el gato. Entendí que ese desagrado y los temas que percibí como chocantes eran una crítica a la sociedad, pero considero que se pudo haber expresado en menos líneas.
Me llamó la atención la mención excesiva de los defectos físicos, en especial de la nariz. Destacaré una descripción que me pareció maravillosa y, al mismo tiempo, divertida:
“Aquel cacho de carne lo llenaba prácticamente todo, como una piedra funeraria colocada en un jardín diminuto. Evidentemente, aquella nariz afirmaba su propia trascendencia, pero aun así parecía fuera de lugar.
Tenía forma aguileña y, al principio, se alargaba desmesuradamente para doblarse después a mitad de camino, como si se avergonzara de sus propias dimensiones. Después perdía parte de su vigor y caía a plomo encima de los labios. Era de tal tamaño que, cuando aquella mujer hablaba, parecía que era la nariz la que entraba en acción, en lugar de hacerlo la boca.”
Aunque extensa en contenido, considero que este libro es una obra con la que logré conectarme emocionalmente, y solo por eso valió la pena.
“Nadie, por muy poderoso que sea, puede hacer lo que quiera con el mundo que le ha tocado vivir. Nadie puede detener al sol en su ocaso, ni lograr que los ríos fluyan en dirección a las montañas. Pero cualquier hombre es capaz de hacer lo que quiera con su propia mente.”
Mi calificación: 4/5

En términos generales, el libro me gustó. Es uno de esos títulos que probablemente no habría elegido por iniciativa propia, pero justamente por eso me alegra haberlo leído. Pienso que debemos atrevernos a explorar lecturas distintas; es una excelente forma de abrirnos a nuevos géneros y, por qué no, descubrir nuevos gustos.
Una de las cosas que más disfruté fue el ritmo narrativo. Desde que comienzas a leer, la historia te atrapa. Es creíble y aborda temas con los que es fácil identificarse como lector: la nostalgia, el exilio, la despedida.
La narración en primera persona y ese protagonista involuntario, Jaime, nos arrastran con él. Yo me sentí Jaime. La narración se percibe fluida, cercana, familiar.
El cielo con las manos es una historia que retrata con mucha sensibilidad las inseguridades de un ser humano que no sabe cómo conquistar ni seducir a la mujer que ama. El recuerdo de Aurora lo persigue y lo mantiene anclado a ella. Por ella vive y respira angustia y nostalgia.
El misterio del comportamiento humano, tan contradictorio y profundo, es lo que la hace tan real.
Comparto aquí alguno de mis momentos favoritos del libro:
“—Aurora —repetí, y era un susurro, mi voz. O quizá no hablaba y sólo pensaba: «Aurora, Aurora, Aurora…» Y entonces empecé a bajar mis manos y le acaricié las orejas, la nuca, el cuello, la mandíbula y otra vez los pómulos y luego la boca, sus labios carnosos, todo en un recorrido subyugante, en un reconocimiento mágico, porque eso era tocar el cielo con las manos, que no me jodan, eso era el cielo, y yo no sólo lo tocaba, sino que también lo acariciaba.”
“Me dije que todo consistía en no hacerse problemas, en darse tiempo para las cosas, en no andar con apuro ni autoexigiéndose. Ahí estaba la clave del gordo Cárcamo: uno, no tener problemas; dos, si se los tiene, afrontarlos con calma; tres, utilizar el cerebro positivamente y con la serena confianza en que todo saldrá bien; cuatro, poner atención y concentración en lo que se hace, a efectos de no desperdigar energías y sortear las dificultades. Y todo eso, con el mejor ingrediente que uno tiene a mano en la vida: tiempo.”
“…Que el amor puede ser una callecita de pueblo que añoramos y que tenemos idealizada como un lugar donde confluyen todos los horizontes como potencia dormida y eventualmente salvadora…”
Sí, él tocó el cielo con las manos una vez, pero después ya no era lo mismo. Y por eso es tan real: porque nuestras percepciones cambian conforme atravesamos distintas etapas. Algunas para bien, otras quizás no tanto. De eso se trata la vida: de aprender a disfrutar lo bueno de cada etapa.
Mi calificación: 4/5

Pocas veces entras en una librería y sales con un libro regalado. Este fue mi caso ¡Me regalaron un libro! Justamente cuando necesitaba leer uno escrito por una mujer para cumplir con mi reto lector del mes.
Nunca había leído algo parecido y aunque no estaba en mis planes hacerlo, me aventuré.
La curiosidad por la historia y lo confuso que resultaron los personajes en mi mente me hicieron llegar hasta el final.
La muerte y el diablo emparejados con unos preciosos hijos y su vida cotidiana me hicieron reír. Al muy puro estilo de Adán y Eva modernos. Toda una divinidad
No es una lectura para todo el mundo pero he aprendido a descender por las letras y ver un poco más allá. En este caso no abandoné y eso es bueno.
Es una lectura diferente que nos enseña a opinar sin juzgar.
«La mismísima Muerte, también llamado Harry Floyd, alzó su vista, curioso de ver la mirada de su esposo, el mismísimo Diablo»
Mi calificación: 3/5

Este libro me trajo muchos recuerdos…
Recuerdo que mi esposo le pidió consejos a su papá para enamorarme y casarse conmigo cuando éramos novios (mi suegro ya falleció). Él le habló de Neruda y sus poemas.
Mi esposo imprimió aquellos que más se relacionaban con nuestra historia en ese momento y me los regaló. Siempre me gustó la poesía, aunque no era especialmente amante de Neruda. Sin embargo, ese gesto de entregarme poemas me encantó.
El mejor legado que mi suegro le dejó a mi esposo fue su ejemplo de caballerosidad. Cartas, pañuelos… gestos que hoy parecen perdidos, pero que nunca se olvidan.
“Aunque el poemario esté basado en experiencias amorosas reales del joven Neruda, es un libro de amor que no se dirige a una sola amante. El poeta ha mezclado en sus versos las características físicas de varias mujeres reales de su primera juventud para crear una imagen de la amada irreal, que no corresponde a ninguna en concreto, sino que representa una idea puramente poética de su objeto amoroso.”
Este libro ha inspirado también a la música. El grupo español La Oreja de Van Gogh, en su tema Canción desesperada, alude directamente a esta obra, mientras que el cantautor Álex Ubago reproduce su Poema XX. La banda mexicana Anabantha puso la letra de ese mismo poema en una de sus canciones. En 2005, el grupo estadounidense Brazilian Girls grabó la canción Me gustas cuando callas. También muchos artistas como Paco Stanley, Paco Ibáñez o Joan Manuel Serrat lo recitaron, así como una cantante que escuchaba mi madre, llamada Ginette Acevedo.
Hay algo muy curioso en la poesía: no siempre se recita igual. Yo puedo leerla de una forma completamente distinta a otra persona, pero la esencia permanece. Es algo mágico que se mueve dentro de uno mientras se lee.
En estos poemas percibí mucha naturaleza y emociones entrelazadas que llegan con fuerza.
Durante este mes, tuve la oportunidad de escuchar cada poema a través de las voces de nuestra comunidad (incluyendo la mía). Cuando escuché el primer poema, tuve que aislarme para sentirlo como se debe. Yo puedo hacer mil cosas a la vez, pero para escuchar un poema hay que detenerse. Así debe ser.
La poesía es un regalo. Se siente y se vive.
De este libro aprendí algo muy hermoso: debemos volver a aquello que poco a poco se está perdiendo.
Regalar poemas escritos para iluminarnos con lo bonito.
Para enamorarnos siempre.
Calificación: 5/5












