Desafío de lectura: 12 Meses, 12 Libros de SiTeLoCuento

Reto lector: 12 meses, 12 libros
Enero: Soy un gato de Natsume Söseki

Este libro fue una sorpresa para mí.

Al principio me costó leerlo porque me resultó bastante pesado. Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, aprendí muchísimo sobre la cultura japonesa y encontré muy buenas referencias a personajes históricos importantes que desconocía, lo cual me agradó.

En cuanto a los personajes, sentí simpatía por Meitei y desagrado por otros, como el gato. Entendí que ese desagrado y los temas que percibí como chocantes eran una crítica a la sociedad, pero considero que se pudo haber expresado en menos líneas.

Me llamó la atención la mención excesiva de los defectos físicos, en especial de la nariz. Destacaré una descripción que me pareció maravillosa y, al mismo tiempo, divertida:

“Aquel cacho de carne lo llenaba prácticamente todo, como una piedra funeraria colocada en un jardín diminuto. Evidentemente, aquella nariz afirmaba su propia trascendencia, pero aun así parecía fuera de lugar.

Tenía forma aguileña y, al principio, se alargaba desmesuradamente para doblarse después a mitad de camino, como si se avergonzara de sus propias dimensiones. Después perdía parte de su vigor y caía a plomo encima de los labios. Era de tal tamaño que, cuando aquella mujer hablaba, parecía que era la nariz la que entraba en acción, en lugar de hacerlo la boca.”

Aunque extensa en contenido, considero que este libro es una obra con la que logré conectarme emocionalmente, y solo por eso valió la pena.

“Nadie, por muy poderoso que sea, puede hacer lo que quiera con el mundo que le ha tocado vivir. Nadie puede detener al sol en su ocaso, ni lograr que los ríos fluyan en dirección a las montañas. Pero cualquier hombre es capaz de hacer lo que quiera con su propia mente.”

Mi calificación: 4/5

Febrero: El cielo con las manos de Mempo Giardinelli

En términos generales, el libro me gustó. Es uno de esos títulos que probablemente no habría elegido por iniciativa propia, pero justamente por eso me alegra haberlo leído. Pienso que debemos atrevernos a explorar lecturas distintas; es una excelente forma de abrirnos a nuevos géneros y, por qué no, descubrir nuevos gustos.

Una de las cosas que más disfruté fue el ritmo narrativo. Desde que comienzas a leer, la historia te atrapa. Es creíble y aborda temas con los que es fácil identificarse como lector: la nostalgia, el exilio, la despedida.

La narración en primera persona y ese protagonista involuntario, Jaime, nos arrastran con él. Yo me sentí Jaime. La narración se percibe fluida, cercana, familiar.

El cielo con las manos es una historia que retrata con mucha sensibilidad las inseguridades de un ser humano que no sabe cómo conquistar ni seducir a la mujer que ama. El recuerdo de Aurora lo persigue y lo mantiene anclado a ella. Por ella vive y respira angustia y nostalgia.

El misterio del comportamiento humano, tan contradictorio y profundo, es lo que la hace tan real.

Comparto aquí alguno de mis momentos favoritos del libro:

“—Aurora —repetí, y era un susurro, mi voz. O quizá no hablaba y sólo pensaba: «Aurora, Aurora, Aurora…» Y entonces empecé a bajar mis manos y le acaricié las orejas, la nuca, el cuello, la mandíbula y otra vez los pómulos y luego la boca, sus labios carnosos, todo en un recorrido subyugante, en un reconocimiento mágico, porque eso era tocar el cielo con las manos, que no me jodan, eso era el cielo, y yo no sólo lo tocaba, sino que también lo acariciaba.”

“Me dije que todo consistía en no hacerse problemas, en darse tiempo para las cosas, en no andar con apuro ni autoexigiéndose. Ahí estaba la clave del gordo Cárcamo: uno, no tener problemas; dos, si se los tiene, afrontarlos con calma; tres, utilizar el cerebro positivamente y con la serena confianza en que todo saldrá bien; cuatro, poner atención y concentración en lo que se hace, a efectos de no desperdigar energías y sortear las dificultades. Y todo eso, con el mejor ingrediente que uno tiene a mano en la vida: tiempo.”

“…Que el amor puede ser una callecita de pueblo que añoramos y que tenemos idealizada como un lugar donde confluyen todos los horizontes como potencia dormida y eventualmente salvadora…”

Sí, él tocó el cielo con las manos una vez, pero después ya no era lo mismo. Y por eso es tan real: porque nuestras percepciones cambian conforme atravesamos distintas etapas. Algunas para bien, otras quizás no tanto. De eso se trata la vida: de aprender a disfrutar lo bueno de cada etapa.

Mi calificación: 4/5

Marzo: La tristesse du diable by Blair Nughes

Pocas veces entras en una librería y sales con un libro regalado. Este fue mi caso ¡Me regalaron un libro! Justamente cuando necesitaba leer uno escrito por una mujer para cumplir con mi reto lector del mes.

Nunca había leído algo parecido y aunque no estaba en mis planes hacerlo, me aventuré.

La curiosidad por la historia y lo confuso que resultaron los personajes en mi mente me hicieron llegar hasta el final.

La muerte y el diablo emparejados con unos preciosos hijos y su vida cotidiana me hicieron reír. Al muy puro estilo de Adán y Eva modernos. Toda una divinidad

No es una lectura para todo el mundo pero he aprendido a descender por las letras y ver un poco más allá. En este caso no abandoné y eso es bueno.

Es una lectura diferente que nos enseña a opinar sin juzgar.

«La mismísima Muerte, también llamado Harry Floyd, alzó su vista, curioso de ver la mirada de su esposo, el mismísimo Diablo»

Mi calificación: 3/5

Abril: Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda

Este libro me trajo muchos recuerdos…

Recuerdo que mi esposo le pidió consejos a su papá para enamorarme y casarse conmigo cuando éramos novios (mi suegro ya falleció). Él le habló de Neruda y sus poemas.

Mi esposo imprimió aquellos que más se relacionaban con nuestra historia en ese momento y me los regaló. Siempre me gustó la poesía, aunque no era especialmente amante de Neruda. Sin embargo, ese gesto de entregarme poemas me encantó.

El mejor legado que mi suegro le dejó a mi esposo fue su ejemplo de caballerosidad. Cartas, pañuelos… gestos que hoy parecen perdidos, pero que nunca se olvidan.

“Aunque el poemario esté basado en experiencias amorosas reales del joven Neruda, es un libro de amor que no se dirige a una sola amante. El poeta ha mezclado en sus versos las características físicas de varias mujeres reales de su primera juventud para crear una imagen de la amada irreal, que no corresponde a ninguna en concreto, sino que representa una idea puramente poética de su objeto amoroso.”

Este libro ha inspirado también a la música. El grupo español La Oreja de Van Gogh, en su tema Canción desesperada, alude directamente a esta obra, mientras que el cantautor Álex Ubago reproduce su Poema XX. La banda mexicana Anabantha puso la letra de ese mismo poema en una de sus canciones. En 2005, el grupo estadounidense Brazilian Girls grabó la canción Me gustas cuando callas. También muchos artistas como Paco Stanley, Paco Ibáñez o Joan Manuel Serrat lo recitaron, así como una cantante que escuchaba mi madre, llamada Ginette Acevedo.

Hay algo muy curioso en la poesía: no siempre se recita igual. Yo puedo leerla de una forma completamente distinta a otra persona, pero la esencia permanece. Es algo mágico que se mueve dentro de uno mientras se lee.

En estos poemas percibí mucha naturaleza y emociones entrelazadas que llegan con fuerza.

Durante este mes, tuve la oportunidad de escuchar cada poema a través de las voces de nuestra comunidad (incluyendo la mía). Cuando escuché el primer poema, tuve que aislarme para sentirlo como se debe. Yo puedo hacer mil cosas a la vez, pero para escuchar un poema hay que detenerse. Así debe ser.

La poesía es un regalo. Se siente y se vive.

De este libro aprendí algo muy hermoso: debemos volver a aquello que poco a poco se está perdiendo.
Regalar poemas escritos para iluminarnos con lo bonito.
Para enamorarnos siempre.

Calificación: 5/5

Nacimientos

Es solo un nacimiento: el llanto, la alegría, el miedo. Algo nuevo y desconocido que comienza mucho antes de que sus ojos vean el mundo por primera vez.

Le pones un nombre, lo ves crecer lento y luego rápido, hasta que deseas no sentir el paso del tiempo. Quieres congelarlo todo, detener los instantes y soltarlos a tu antojo, pero no puedes.

Ahora tienes miedo. Hay una sentencia que se acerca, un día en que mirarás a través de un recuerdo. Entonces decides escribirlo, prolongar el nacimiento en otros ojos, en otros cuerpos. ¡Que viva eternamente!

Desafío de lectura: Obras para marcar el alma en pocas páginas

A menudo, pensamos que la profundidad literaria viene solo en libros extensos. Sin embargo, hay libros cortos que logran transmitir ideas complejas y emociones intensas en pocas páginas.

La profundidad no siempre depende de la extensión. Los siguientes libros, a pesar de su brevedad, logran abordar temas universales que tocan lo más profundo del ser humano. Si buscas lecturas que sean capaces de conectar contigo y te inviten a la reflexión, estas obras son un excelente punto de partida.

¡Escoge las que más te gusten, léelas a tu ritmo y disfruta de sus letras!

1.- Rebelión en la granja de George Orwell
2.- Meditaciones de Marco Aurelio
3.- El Principito de Antoine De Saint Exupéry
4.- La muerte de Iván Ilich de León Tolstói
5.- El túnel de Ernesto Sabato
6.- Crónicas marcianas de Ray Bradbury
7.- De la brevedad de la vida de Séneca
8.- Cosmética del Enemigo de Amélie Nothomb
9.- El hechicero de Vladimir Nabokov
10.- El Aleph de Jorge Luis Borges
11.- El viejo y el mar de Ernest Hemingway
12.- El diablo de la botella de Robert Louis Stevenson
13.- Novecento, la leyenda del pianista en el océano de Alessandro Baricco
14.- Siddhartha de Hermann Hesse
15.- Bartleby, el escribiente de Herman Melville
16.- La Metamorfosis de Franz Kafka
17.- La Perla de John Steinbeck
18.- Los Cachorros de Mario Vargas Llosa
19.- Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb
20.- El extranjero de Albert Camus
21.- Carta al padre de Franz Kafka
22.- La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares
23.- El baile de Irène Némirovsky
24.- El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson
25.- Vanina Vanini de Stendhal
26.- La caída de Albert Camus
27.- Tengo miedo torero de Pedro Lemebel
28.- Juan Salvador Gaviota de Richard Bach
29.- El ruletista de Mircea Cărtărescu
30.- Confesión de León Tolstói
31.- Seda de Alessandro Baricco
32.- Bodas de sangre Tragedia de Federico García Lorca
33.- Pedro Páramo de Juan Rulfo
34.- Lo bello y lo triste de Yasunari Kawabata
35.- Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga
36.- El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez
37.- De profundis de Oscar Wilde
38.- Cartas desde la Tierra de Mark Twain
39.- La última niebla de María Luisa Bombal
40.- La muerte en Venecia y Mario y el mago de Thomas Mann
41.- El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad
42.- Hamlet Tragedia de William Shakespeare
43.- Mendel, el de los libros de Stefan Zweig
44.- Un amor de Sara Mesa
45.- Noches blancas de Fiódor Dostoyevski
46.- Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar
47.- El elogio de la sombra de Jun’ichirō Tanizaki
48.- Conferencia sobre la lluvia de Juan Villoro
49.- Los muertos relato de James Joyce
50.- Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar
51.- Pajaritos: cuentos eróticos de Anaïs Nin
52.- Nocturno de Chile de Roberto Bolaño
53.- Las nieves del Kilimanjaro de Ernest Hemingway
54.- Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos
55.- Viaje olvidado de Silvina Ocampo
56.- La analfabeta de Agota Kristof
57.- Tu Muerte me Sienta Bien de Malú González

Cada escrito es un viaje ¡Disfrútalos!

3.- El Principito de Antoine De Saint Exupéry

A lo largo de mi vida, he regalado más de seis ejemplares de El Principito a niños de diferentes edades, convencida de que cuando lleguen a la adultez, descubrirán en sus cortas páginas una profundidad que, quizás, en su infancia, apenas vislumbraron. Es un libro mágico, cargado de reflexiones profundas, cuya riqueza no tiene desperdicio. Cada vez que lo he releído en distintas etapas de mi vida, me ha sorprendido y enriquecido de maneras inesperadas.

Antoine de Saint-Exupéry creó mucho más que una historia para niños: El Principito es una obra literaria que, bajo una apariencia sencilla, guarda valiosas enseñanzas sobre la vida, el amor, la amistad, y la importancia de las pequeñas cosas. Lo más fascinante de este libro es cómo sus significados cambian y se amplían a medida que crecemos. De niños, nos atrae la dulzura de su protagonista y sus aventuras; de adultos, encontramos en sus diálogos una visión crítica y profunda del mundo.

El encuentro del principito con el zorro, la conversación con la rosa y sus reflexiones sobre los adultos son inolvidables. La búsqueda de lo esencial, «lo invisible a los ojos», no solo es un mensaje para niños, sino una reflexión que, como adultos, cobra una fuerza inesperada.

¡Siempre recomendaría El Principito! no como un simple libro infantil, sino como una obra imprescindible que enriquece la mente y el alma. Si hay un libro que merece estar en la vida de todos, desde la infancia hasta la adultez, sin duda es este.

No te olvides de regalar un principito…

5.- El túnel de Ernesto Sabato

El túnel es un libro que, en mi primera lectura, me confundió mucho. Era una adolescente en ese entonces, y creo que la guía que teníamos en ese momento no nos ayudó a entender su verdadera riqueza literaria.

Mucho tiempo después, tuve la oportunidad de leerlo en el club de lectura de SiTeLoCuento, y se originó un debate muy interesante cuyo resultado final fue un rotundo: ¡Sí, lo recomendaría!

Es un libro que te engancha desde la primera frase: «Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne.»
Leerás la primera página y, sin darte cuenta, estarás en la última.

El túnel es la representación de aquellas emociones que invaden al ser humano y que, mal gestionadas, pueden culminar en un evento trágico. Me imagino a la depresión como un abismo, a la ansiedad como picaduras de insectos que no cesan hasta carcomer nuestra piel. Pero todas estas emociones pueden entrar en un túnel y destruirnos si las dejamos crecer allí.

Si te interesa la literatura existencialista, este libro es una lectura imprescindible. Al igual que autores como Sartre o Camus, Sabato explora la angustia, la libertad y la desesperación de manera profunda y filosófica. Sin embargo, lo hace desde una perspectiva latinoamericana, con personajes y escenarios que nos resultan más cercanos. La lucha interna de Castel por darle sentido a su vida y sus emociones refleja las preocupaciones universales del ser humano, pero con un toque de idiosincrasia que hace que la novela sea única dentro de su corriente.

La brevedad de la obra permite que la experiencia de lectura sea compacta, pero impactante. Es un libro que puede leerse en pocos días, pero cuya reflexión perdurará mucho tiempo después de haberlo terminado.

6.- Crónicas marcianas de Ray Bradbury

Mi acercamiento a esta lectura fue después de leer Fahrenheit 451 del mismo escritor. Desde ese momento, quedé fascinada por toda su obra y su naturalidad al escribir.

Crónicas marcianas no me gustó tanto como lo esperaba, pero me asombré al saber que su publicación fue un proceso afortunado e inesperado. A finales de la década de 1940, Bradbury había estado escribiendo relatos cortos sobre la colonización de Marte, que se publicaron individualmente en varias revistas de ciencia ficción. Estos relatos, aunque independientes, compartían una temática común sobre los viajes humanos a Marte y sus interacciones con los marcianos.

La oportunidad para publicar el libro surgió cuando Bradbury conoció al editor Walter Bradbury (sin relación familiar) de la editorial Doubleday. En ese encuentro, el editor le sugirió que recopilara sus relatos cortos marcianos y los uniera en una especie de “novela” estructurada en episodios. Bradbury, quien no había considerado esa posibilidad, siguió el consejo, reescribió algunos de los relatos para darles mayor coherencia y los conectó entre sí con nuevas historias. Así nació Crónicas marcianas publicada por Doubleday en 1950.

Este libro, a mi parecer, no es solo un libro de ciencia ficción que tiene un escenario futurista en Marte, es una crítica social disfrazada de fantasía. Y eso es algo que me encanta de Bradbury y sus creaciones: los temas que trata son profundamente humanos.

Colonialismo, xenofobia, guerra, medioambiente y nostalgia son temas que puedes encontrar en este libro. Bradbury nos ofrece un viaje a otro planeta que, en realidad, es un reflejo de nuestros propios temores, deseos y conflictos. Una combinación de belleza literaria y reflexión filosófica que les recomiendo leer.

16.- La Metamorfosis de Franz Kafka

La metamorfosis es un clásico de la literatura mundial que tuve la oportunidad de leer junto a un pequeño, pero talentoso, grupo de escritores y lectores hace un par de años.

Al iniciar la lectura, no entendía mucho a dónde me estaba llevando la historia de aquel hombre llamado Gregor Samsa, que despertó convertido en un insecto gigante.

La sensación era perturbadora; recordé el asco que me daba cuando una cucaracha voladora entraba en mi habitación. Su aspecto me daba asco, pero cuando lograba espantarla y acorralarla hasta matarla, me sentía muy mal.

A medida que avanzaba en esta lectura, muchas preguntas se asomaron en mi mente. Fue inevitable no sentirme parte de la historia y de la transformación allí presentada.

La evolución de la familia Samsa tras la transformación de Gregor en un insecto me hizo reflexionar de muchas formas y sobre ciertas situaciones presentadas a lo largo de mi vida, ya sea en el ámbito laboral, en las relaciones familiares o en la sociedad.

Mis ojos se abrieron, y me di cuenta de que el valor de cualquier persona se podía ver alterado por circunstancias externas.

Me gustó leer a Kafka y acercarme un poco más a la lectura a partir de su escritura. Logré conectarme con los motivos que lo llevaron a profundizar en un tema tan complejo y cotidiano.

La metamorfosis es más que la transformación de un hombre en insecto; va mucho más allá para mostrarnos cómo todo a nuestro alrededor cambia cuando no somos lo idealizado, o viceversa.

Es mucho en pocas páginas. Un gran aprendizaje que recomiendo leer.

Desafío de escritura: opciones para crear historias

¿Alguna vez te has encontrado mirando una página en blanco, esperando que la inspiración te golpee? Es una experiencia familiar para muchos escritores. A veces, lo que necesitamos es una chispa, una idea que nos saque de ese bloqueo creativo. Aquí te presento tres opciones únicas para crear historias que pueden despertar tu creatividad y llevarte a escribir algo realmente especial.

Cada una de estas opciones ofrece una forma única de explorar la creatividad y contar una historia. Ya sea que elijas el humor trágico del diario de una persona desafortunada, la introspección sincera de un libro sobre autenticidad, o la deliciosa combinación de recetas y romance, estás ante la oportunidad de crear algo que realmente resuene con tus lectores. La clave está en tomar estas ideas y darles tu propio giro personal, permitiendo que tu voz única brille en cada página. ¡Diviértete en el proceso!

Desafío de escritura: Juegos del tiempo en la literatura fantástica.

Este desafío está inspirado en las obras de dos maestros de la literatura fantástica: Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Ambas mentes creativas han manipulado la estructura temporal en sus narrativas, creando mundos donde el tiempo no es lineal. Atrévete a jugar con el concepto del tiempo y escribe un relato corto en el que el tiempo sea un elemento central, un protagonista con vida propia. Piensa en los siguientes cuentos, y si no has tenido la oportunidad de leerlos, es el momento: La noche boca arriba, Casa Tomada, El jardín de senderos que se bifurcan o el Aleph ¡Manipula el tiempo a tu antojo y diviértete en el proceso!.

La puerta por Zeuxis Villalba. Cuento inspirado en Clases de Literatura de Julio Cortázar Berkeley,1980

La Criatura

El Etham, así llamaban a la criatura que habitaba aquella pequeña ciudad envenenada y en ruinas, que ningún ser viviente se había atrevido traspasar. El tiempo parecía habérsela tragado y en su lugar, solo se encontraban las ruinas de una antigua civilización.

Del otro lado, todo era un montaje para engañar a la naturaleza y acumular unos aros de luz a costa de su destrucción. Lentamente, aquellos seres despiadados sin nombre se habían encargado de destruir lo que parecía ser real. Solo les interesaba acumular suficientes aros de luz para conectarse con ese mundo irreal creado por ellos.

El día que El Etham rompió las paredes que lo mantenían aislado del mundo exterior, tuvo que confiar en el único sentido capaz de mantenerlo con vida: el sentido de la supervivencia. Se sentía bien y con la energía necesaria para explorar su entorno pero en su pequeño cerebro no lo tenía todo claro, le faltaba aclarar algunos hechos para restaurar el orden de aquel lugar.

En el interior del huevo que recubría su pequeño cuerpo había encontrado las explicaciones necesarias para enfrentarse a ellos. Alimentarse no era tan difícil como lo imaginaba y tenía a su disposición una enorme cantidad de girasoles para abastecer su pequeño cuerpo en crecimiento. Pronto tendría que cambiar su forma de alimentarse.

Al tercer día, y gracias a que disponía de ambos órganos reproductivos para multiplicar su existencia, puso un huevo. Lo resguardó entre una multitud de girasoles y sin mirar atrás, se propuso cruzar la línea que lo llevaría a encontrar nuevas fuentes de alimentación.

Pero para salir de su pequeño lugar debía cruzar un gran río, y como carecía del sentido de la vista, tuvo que desarrollar sus otros sentidos de manera desproporcionada. En ese momento, al sumergir su cuerpo en aquel río, deseó tener un sentido menos. Su poderoso olfato lo hizo probar el hedor nauseabundo que despedían aquellas aguas. Era verdaderamente insoportable.

Con mucho cuidado y apartando una enorme cantidad de seres en descomposición que impedían su llegada, logró cruzar el río.

Al colocar sus patas en aquel nuevo lugar, comenzó a sentir que su piel se quemaba lentamente. Estaba seguro que regresar al río en esas condiciones no era una opción. Debía alimentarse rápidamente para asegurar su existencia y regresar por el huevo que había creado. La tierra estaba vomitando fuego y debido al calor que generaba, la piel que lo recubría se desprendió.

En pocos minutos, aquella piel caída volvió a regenerarse y con esta ventaja de la naturaleza, continuó su camino. Con la agilidad de sus ocho patas trepó a los árboles más altos. Su olfato aún no percibía el olor que tanto anhelaba. Algo no estaba bien y debía apresurarse. Su vida dependía de ese descubrimiento.

De pronto, pudo olerlos. Recuperó en ese momento cada uno de sus sentidos y deseó no tenerlos. Vio los aros de luz proyectándose en el cielo y escuchó las voces que entre risas y gritos estaban siendo testigos de su propia destrucción.

Mientras tanto, a muy poca distancia, en la ciudad envenenada, una extraña criatura comenzaba a salir de su huevo.

Dos

La Perla era el lugar perfecto para vivir. Tenía una de las mejores playas de la región costera y la calidez de su gente era una invitación a quedarse. Para una persona como Ana que amaba la naturaleza y la belleza existente en las cosas simples, el vivir cerca del mar y escuchar las olas romperse al despertar, era todo lo que necesitaba para sentirse plena.

Trabajó durante diez largos años sin descanso hasta reunir lo suficiente para comprarse un lujoso departamento en el centro de los gigantes de cemento: Las llamadas Torres Centrales de Providencia. Diez años de su vida para dejarlo todo e irse a vivir a la anhelada Perla.

Su nuevo hogar, frente a la playa era mucho más pequeño que aquel lujoso departamento ubicado en uno de los sitios más cotizados de la gran Ciudad de Providencia, pero allí se sentía ella de verdad.

Ana había decidido colocar en alquiler una de sus habitaciones para ayudarse con los gastos.
Aún no tenía un empleo estable y le parecía una buena manera de solventar la situación mientras lograba estabilizarse.

La mayoría de las personas en La Perla eran bastante amigables pero Ana sabía que no sería fácil convivir con un extraño. Estaba acostumbrada a vivir sola.

Helena, su nueva compañera de hogar, era una mujer que por alguna extraña razón no aparentaba cuarenta años. Quizás en la percepción mental de Ana, a sus casi treinta años, esta situación le incomodaba un poco pero a la vez le agradaba sentirse contemporánea.

Los primeros días de convivencia juntas bajo un mismo techo, todo marchaba bien pero al cumplir dos semanas, Ana comenzó a notar un extraño comportamiento en Helena: Sentía fascinación por lavar los platos y esa era una actividad que ella odiaba.

Para Ana no existía una cosa peor en el mundo que lavar platos. Era tanta su aversión a realizar aquella actividad que no compraba platos ni ollas. Toda la comida la pedia por encargo y de esta manera nunca lavaba un solo plato. Para Helena era distinto.

Desde su escritorio, Ana simulaba leer un libro y observaba a Helena mientras repetía ese proceso una y otra vez. Sus gestos mientras limpiaba cada plato, olla y cubierto eran de total satisfacción y felicidad. El asunto dejó de ser algo cotidiano a volverse enfermizo. Ana no podía sacarse la imagen y sonidos de Helena lavando platos constantemente.

El día que Ana se decidió a comunicarle a Helena que no renovaría el contrato de arrendamiento por motivos personales que la estaban afectando mentalmente. Ese día misteriosamente Helena no estaba por ningún lado. Tampoco atendía las llamadas a su teléfono celular.

Ana miró con angustia y desesperación sus manos aún mojadas por aquel lavalozas concentrado. Los platos, ollas y cubiertos estaban limpios. Recordó que odiaba lavar platos porque su mamá la torturaba mientras la hacía repetir esa actividad constantemente.

Sintió vergüenza de ella misma y pena por haber alejado a su amiga Helena de su vida nuevamente.

Su doctor le había explicado lo de su trastorno de identidad disociativo y ella sabía que Helena no estaría allí para siempre. Ahora lo tenía todo más claro.

Maneras de aprovechar los tiempos muertos haciendo lo que más te gusta

¿Cómo haces para terminar tantos retos de lectura con tan poco tiempo?

Siempre me preguntan lo mismo. Seguro piensan que no tengo muchas responsabilidades y por eso dispongo del tiempo para hacer los que más me gusta, pero no se trata de eso.

Cuando me convertí en madre, entendí que debía aprovechar al máximo mi tiempo y que al no tener red de apoyo era la mejor forma para estar bien. El no hacer nada en mis espacios libres nunca fue una opción y menos teniendo a mi disposición las herramientas necesarias para aprovechar al máximo mis habilidades. Sería una pena el no utilizarlas y no quería desaprovechar esa valiosa oportunidad de aprendizaje.

Por supuesto que era fabuloso pasar una tarde durmiendo o mirando el techo, pero no era mi caso, nunca lo fue y siento que a medida que cumplimos años lo vamos entendiendo mejor: Es parte de nuestra generación movernos rápido y hacer muchas cosas a la vez: ¡Debemos hacerlo bien!.

¿Cuáles son esas herramientas que utilizo para hacerlo?

Algo tan simple como una agenda y un lápiz: Es algo que utilizo desde que puedo recordar y muchas de mis amigas más cercanas me recuerdan improvisando pequeños cuadernos con hojas. Es demasiado importante fijarnos objetivos y una hoja en blanco es una de excelente herramienta para empezar.

Mi teléfono: Si observan mi teléfono tengo muchas aplicaciones que me permiten planificar y cumplir con cada uno de mis objetivos, desde herramientas office hasta aplicaciones para edición de imágenes y videos. De hecho en este momento estoy escribiendo este post desde mi teléfono.

Cada escrito lo guardo en una carpeta que subo a la nube y la clasifico por tipo y año. Muchas personas se sorprenden de este tipo de orden pero no se imaginan lo rápido y fácil que es ubicar lo que se necesita al llevarlo de esta manera.

Aprovechar los tiempos muertos y sacar provecho usando mis mejores herramientas.

¿Cómo aprovechó mis tiempos muertos?
Para aprovechar los tiempos muertos, el primer paso es aprender a identificarlos. En mi caso no les digo tiempos muertos, les llamo vivísimos porque gracias a ellos puedo hacer lo que me gusta y cumplir los objetivos que me fijo día a día.

Al crear estos pequeños hábitos mejoraremos en gran medida nuestro rendimiento personal y estaremos del otro lado de las preguntas ¿Cómo haces para rendir el tiempo? ¿Cuántos tiempos muertos tienes?:

Viajes en transporte público, minutos antes de reuniones, trayecto al trabajo, atasco de tráfico, esperas en consultas médicas y cocinar ¿Por qué no?, mientras cocino escuchó podcast y es un tiempo aprovechable para mi, para nutrir mi mente antes de comer. Son hábitos saludables.

Tus tiempos muertos pueden ser distintos a los míos pero lo más importante aquí es aprender a identificarlos y tener a la mano nuestras mejores armas para aprovecharlos al máximo.

¿Qué actividades puedes hacer para aprovechar estos tiempos muertos?
Las que más te gusten y le agreguen valor a tu vida. En mi caso leer es una de ellas, realizar anotaciones y escribir, ponerme al día con mi correo personal, escuchar buenos podcast que me permitirán alimentar mi blog y respirar. Si, respirar es importante y evita que nos enfermemos.

«Todos tenemos tiempo para aprovechar o para perder y es nuestra decisión qué es lo que hacemos con él. Pero ten en cuenta que una vez pasado, jamás se recupera.»

Bruce Lee

Definitivamente es nuestra decisión estar de un lado o del otro de la pregunta pero hace una gran diferencia.

El nudo en la garganta

Hace más de cuatro años mientras me encontraba caminando por una de las calles favoritas de mi vida, nunca imaginé ver algo tan impactante. Había un perro de la calle con evidentes signos de desnutrición, comiéndose otro perro. Este otro perro estaba muerto y en descomposición. Soy una persona muy sensible y tanto las imágenes como las palabras, influyen enormemente en mi modo de actuar.

No tardé más de un mes en irme de mi lugar. Ese donde nací y viví los momentos más felices de mi vida. No quería que mi hijo, al caminar por esas calles, fuese testigo de algo que en su momento, me hizo sentir un nudo en la garganta.

Esa sensación de tener la emoción atrapada y queriendo estallar no solo la he experimentado con situaciones desagradables. Hay momentos que son capaces de generar todo lo contrario. En esto debemos enfocarnos.

Tuve la oportunidad de escuchar una grabación de una conferencia realizada en Monterrey, México en el año 2017, llamada el arte de leer de Rosa Montero, en donde pude visualizar claramente mi experiencia. Ella, Rosa Montero, supo poner las palabras a lo que no tiene nombre.

A partir del siguiente ejemplo, puso en evidencia lo que ella definió en su momento como el sentido de la belleza en el sin sentido de la vida:

«Una mujer llamada Julia vivía en una casa situada enfrente de un convento de monjas de clausura, vivían encerradas y no salían de allí. Julia vivía en un tercer piso enfrente de ese convento del siglo XVI. Iba todos los fines de semana a ese convento a comprar dulces.

Durante años, Julia iba a comprar dulces, pero solo tenía contacto con la hermana portera del convento a través de una ventanilla de la puerta grande de madera. Ponía el dinero en esa ventanilla y recibía los dulces.

Con el tiempo, se hizo amiga de la hermana portera. Un día, Julia le dijo a la hermana del convento, que ella vivía en la casa situada al frente del convento, en el tercer piso y que si quería salir algún día al mundo exterior, ella se encontraba a su orden. Cualquier cosa, desde una carta a algún familiar o simplemente para salir de allí.
—Muchas gracias—dijo la monja.

Pasaron tres meses, tres años, treinta años. Un día, después de treinta años, tocaron a la puerta de Julia y al abrirla, estaba una monja anciana de muy avanzada edad.

—¿Es usted Julia?, yo soy la hermana portera. ¿Me dejaría asomarme a su ventana?—preguntó.
—Claro—respondió Julia.

Julia la condujo por el pasillo y se pusieron a mirar el convento.

—Es hermoso ¿Verdad?
—Si, es muy hermoso.

Luego de eso, la monja regresó al convento para no salir nunca más».


En el Abismo

Un día después de la lluvia, ellas aparecen y logran desteñir los colores del arcoíris. Yo busco entre espacios vacíos los últimos crayones y pinto uno con tres colores.

Ellas se encargan de poner en mis manos tan sólo el gris y el negro, y yo inmediatamente los baño con brillantinas y pegatinas de soles sonrientes.

Sin avisar me hacen mover mis piernas, en un ritmo imposible de controlar, y no conforme con ello aceleran mi corazón haciendo que me falte la respiración, ellas saben en qué momento aparecer.

Yo pongo a un lado las tazas de café y me tomo un té de manzanilla, dicen que es bueno para controlar al menos una de ellas.

Ellas me buscan e inevitablemente me hacen temer al futuro. Yo me perturbo y vuelvo al presente, me compro el helado más sabroso, ese de ron pasas que sabe a gloria y las desaparezco por un momento.

No saben lo fácil que puedo hacerlo.
Luego se encargan de esconderme, ellas me cubren con un manto de oscuridad para que no pueda ver el exterior, me asustan con voces desesperadas y recetas de somníferos para que no pueda abrir mis ojos, ver las luces a mi alrededor.

Yo, desde mi espacio interior, encuentro la forma de comunicarme y llamo a mis mejores amigos, esos que siempre están pendiente de mí, me invitan, me toman la mano y me sacan afuera.

Ellas se van durante un tiempo, y vuelven como las estaciones del año en sus contrastes más extremos, calor que quema y frío congelante. Yo me cubro de protectores para que no puedan lastimarme.

Cuando sin invitarlas ni mencionar nombres ellas se adueñan de mis pensamientos, me hacen arrancar partes de mi cuerpo y comerme desde afuera hacia adentro. Yo las vomito y me lleno de sabores que restauran cada pedazo perdido.

De pronto, sin saberlo, sin sospechas ni señales, ellas ya no avisan cuando desean venir. Yo no logro sentir que están allí.

Ellas tratan de hundirme y me arrastran. Yo, en medio de la desesperación intento gritar, pero mi voz no me sale, nadie me escucha.

Ellas se han unido en una sola y parecen más fuertes. Yo trato de moverme para salir y pintar arcoíris. Los colores no pintan, no hay nada que tenga color.

Ellas escupen susurros que inmovilizan mis manos, me es imposible pintar. Yo, que antes me comunicaba y tenía el poder para hacerlas desaparecer, me siento presa en mi propio cuerpo.

Ellas se apoderan lentamente de mi mente, me quitan de a poco la respiración, mi corazón se acelera. Yo, siento que no puedo salir. Me siento atrapada, en medio de mi sufrimiento.

Duele mucho no poder salir.

Ellas crecen y se hacen mas fuerte. Yo me hundo cada vez más, solo quisiera poder escapar.

Ellas me alejan de las sensaciones que me intentan ayudar. Yo, no tengo el control para hacerme escuchar.
Ellas logran verme desde arriba y poco a poco me aterrorizan con lo qué hay afuera. Yo, que me creía intocable, ahora siento que me desvanezco.

Me destruyo rápidamente en el vacío infinito y desbordante de mis pensamientos.

Y ellas vuelven a separarse, mientras yo no existo.