El encuentro

El pueblo de Arika se encontraba consternado por la terrible noticia. El señor Pablo, ese que una noche antes, se encontraba celebrando el nacimiento de su primer nieto, desapareció.

Arika se encontraba en medio de una vegetación que para muchos representaba un territorio inexplorado. En ese día en especial se unieron sus habitantes y los de otros pueblos cercanos para buscar a Don Pablo. La búsqueda debía ser realizada antes del anochecer porque según los habitantes más antiguos, nadie sabía los misterios que guardaban los árboles cuando se ocultaba el sol.

Encontraron un sombrero sucio, que según uno de sus hijos, Don Pablo llevaba puesto aquel día especial. La impotencia y la esperanza se mezclaron ante tal descubrimiento.

Por lo menos sentían que estaban cerca de encontrarlo. En algún lado tenía que estar, la búsqueda se extendió gran parte del día, y cada hora que pasaba parecía disminuir las esperanzas del ansiado encuentro.

No faltaba escuchar las historias de los viejos del pueblo, quienes decían que, por cada vida nueva, los bosques reclamaban una ya existente. Estas llegaban a oídos de los familiares de Don Pablo, quienes hacían caso omiso y continuaban en su búsqueda.

Una hora antes de anochecer, todo el pueblo empezó a gritar el nombre de Don Pablo, de esta manera aseguraban que sus oídos pudiesen encontrar el camino de vuelta.

La sorpresa llegó, cuando el falso desaparecido contestó al llamado. Acaso tenía el mismo nombre que él, o eran solo las secuelas de una gran celebración, las que sin darse cuenta, le hicieron formar parte del equipo de búsqueda de él mismo.

En ese día especial, los habitantes de Arika recordaran por siempre, el momento en que un falso desaparecido se perdió para encontrarse con él mismo.

La casa

Tres minutos para desalojar. El descenso a comenzado. Desde hace más de tres semanas lo veíamos venir, lo sentíamos en cada movimiento de tierra que obligaba a nuestros cuerpos a mantenerse fuertes, a no caer.

Cuando todo comenzó, era un día cualquiera. Habíamos salido de compras y al volver, no había paso a nuestra casa, las trece hermosas cuotas que habíamos pagado por aquella fuerte estructura que marcaba el comienzo de nuestro crecimiento, empezaría a fundirse lentamente delante de nuestros ojos.

Es real, tres minutos para desalojar. Ese fue el tiempo que nos dieron para sacar esa única maleta y salir corriendo. La teníamos preparada con anticipación, la situación se esperaba.

Pero cuando estas allí parado viendo arder tu casa ante la fuerza de la naturaleza, mientras tus hijos te preguntan con ojos llorosos donde pasaran la noche, y el día siguiente, y el siguiente, te das cuenta de que debes pisar fuerte para no caer.
No puedes dejar que la lava te arrastre y te consuma. Debes mirar más allá del humo y las cenizas. Empezar de nuevo.

Mientras tanto una imagen comienza a darle la vuelta al mundo: detrás de un padre con una maleta y sus hijos aferrados a él tratando de escapar de la tragedia, se encuentra una mujer que observa con admiración la fuerza poderosa y desbordante de la naturaleza en plena acción.

Un hipnótico espectáculo de lava y humo imposible de olvidar.

Punto y Coma

Inspirado en la canción You Can Still be free de Savage Garden

Ese día despertó un poco más temprano, el café no estaba listo, no podía percibir su aroma y sin embargo aún sentía su presencia en cada rincón de la casa. Le dolía su partida.

Nunca imaginó que detrás de aquella sonrisa y muestras de afecto se encontraba un alma atormentada. ¿Por qué lo hiciste?, se repetía una y otra vez. Se resistía a entender sus causas, le pesaban sus culpas y le costaba dejarla ir.

Y ahora le dolía pensar en ella, en la decisión que tomó al acabar con su vida, pero sabía que debía dejarla ir. Sin arrepentimientos, miedos o culpas debía encontrar la manera de liberarla al fin.

El dejaría ir sus lamentos y la recordaría en cada brisa fresca del otoño, en cada hoja que se cae y se eleva con el viento. Liberaría el dolor de sus pensamientos y disfrutaría verla traspasar el tiempo para sanar heridas, escalar las montañas más altas y navegar a través de los cielos carmesíes.

Esa noche al caer la lluvia la dejaría descansar en paz.

Y la noche llegó:
— Papá, ¿Mamá aún está de viaje?
— No hijo.

Y comenzó a caer la lluvia;

En lo alto

Ella comenzó a iluminar su silueta, acariciando su larga espalda comenzó a brotar en medio de la oscuridad. Del otro lado del mundo y mucho antes de enviar el video, recibí un mensaje: «La luna está hermosa». Era la misma luna, un mismo instante detenido en el tiempo y capturado en el momento justo para iluminar un cielo sin estrellas.

Hoy Coloreé un mándala

La primavera se adelantó y calentó el frío del invierno con el nacimiento de las flores. Hoy mientras coloreaba, sentí cómo un poco más de veinte aves, se unían en el cielo para espantar a un ave más grande que intentaba invadir su espacio. Sentí compasión por aquel anciano ciego que pedía limosnas en el metro. El metro de la línea dos estuvo sin servicio toda la tarde por persona en la vía. Hoy coloreé el mándala y adelanté la primavera. No sentí frío.

Los Héroes

Faltan dos estaciones para llegar a los héroes. Eso le dije a mi pequeño hijo, antes de ver volar por los aires aquel insecto verde que trataba desesperadamente de salir del pecho de esa enorme mujer. Llegó a mi pie buscando refugio y lo arrojé con fuerzas lo más lejos que pude. Allí fue pisoteado antes de llegar a la estación. Ella lo tomó entre sus manos y dijo: Te voy a liberar.