
Ese día lo sabía. A pesar de que mi cuerpo contaba los segundos para una nueva respiración, mi mente aislada de las sensaciones me levantaba con más fuerza que mis piernas.
Es imposible describir la música que parecía generar aquel lugar, la mejor composición jamás escuchada.
«Necesitarás oxígeno mucho antes de llegar a la cima», me decían. Eso no limitó mi avance.
Suave y peligrosa, así la escuchaba venir.
Aún así no me detuve, sentí calor y recordé que debía amarte sobre todas las cosas.
Te contemple solo para mí y no para el resto. Blanca y pura en mi última aventura.