Amores

Han pasado tres años desde que decidí salir y liberarme del único lugar donde llegué a sentirme seguro. Una puerta mal cerrada y una pequeña fiesta fue todo lo que necesite.

El primer año fue uno de los más difíciles, además de sentirme usado, fui maltratado física y emocionalmente, para luego ser abandonado a mi suerte. Una extraña enfermedad al nacer me impedía procrear.

En el segundo año me convertí en amigo de las calles, llegué a formar mi propio círculo de amigos, y en cierta forma me ayudaban a defender mi territorio.

Fue en el tercer año, cuando ya no tenía las fuerzas para continuar con esta nueva vida, que de pronto escuché tu voz desde ese pequeño auto en movimiento. Mi cerebro la reconoció de inmediato pero mi cuerpo corrió con todas sus fuerzas, hasta que finalmente nos encontramos nuevamente.

— ¡Firulais!, ¿Eres tú?, me dijo mientras me tomaba cuidadosamente en sus brazos.

La puerta nunca se abrió, la fiesta se terminó y sobre las curvas de tu guitarra mi perro amor se domó.